¿Se convertirán los challenge en herramientas de publicidad en un futuro cercano?

Eider García/

Harlem Shake, Ice Bucket Challenge, Condom Challenge, Charlie Charlie… Cada vez son más los retos que se convierten virales en Internet. El último es el denominado Mannequin Challenge. Una cámara en movimiento capta a un grupo de gente quieta como si fueran maniquies. Parece una tontería, pero si estás activo en cualquier red social recibirás miles de vídeos de este reto. Michelle Obama, Hillary Clinton, Britney Spears, Paul McCartney, Beyoncé, numerosos equipos de fútbol… ¡parece que todo el mundo está embarcado en este reto!

Y a continuación nos surge la siguiente duda: ¿estos retos tienen algún tipo de utilidad o son solo una forma de pasar el rato? Una vez investigado en la red, diría que es algo más que una elección para el tiempo libre.

Un claro ejemplo de ello es Ice Bucket Challenge, que estuvo muy de moda en 2014. Y se trata de un caso muy especial, porque se puso en marcha para ayudar a investigar la enfermedad Esclerosis Amiotrófica Lateral (ELA). En él participaron, además de mucha gente anónima, famosos como Cristiano Ronaldo, Bill Gates y Vin Diesel, entre otros. Mucha gente puso en duda la capacidad de esta dinámica para recabar fondos, pero estas dudas desaparecieron en seguida, ya que a los 30 días de ponerse en marcha recabó una cantidad superior a 100 millones de dolares. Una parte se destinó al proyecto MinE y posteriormente han descubierto un nuevo gen relacionado con la enfermedad. Los expertos han dado a conocer que gracias a ese dinero han podido dar otro paso en la búsqueda del tratamiento.

Otro ejemplo es el de Charlie Charlie, un reto que se popularizó rápidamente en todo el mundo, seguramente propiciado por el desconocimiento que provoca el tema en cuestión. Este reto consiste en colocar dos lápices cruzados encima de un papel y escribir sí-s y no-s. Se presuponía que al realizar preguntas a Charlie, éste movía el lápiz hacia una respuesta u otra. El desconocimiento que suscita el tema del espiritismo, amplificó su difusión. Finalmente se supo que era una prueba creada por los responsables de una película para así promocionarla.

Estos dos casos no dejan lugar a dudas, pero siempre existe un objetivo además de el de divertirse en cualquiera de los retos; principalmente el objetivo publicitario. Es el caso del tan popular Mannequin Challenge, por ejemplo. Da la impresión de que empezó sin otro objetivo que el de divertirse, pero entre sus participantes cuenta ya, entre otros muchos, con Hillary Clinton, candidata a presidente de los Estados Unidos. ¿Pensáis que lo hizo solo por divertirse? No negaré que se divirtiera, pero ¿no creéis que participar en un reto tan popular le proporcionó mayor eco entre el público? Una de las cuentas pendientes de Hillary fue la de atraer el voto jóven.

¿Serán los challenge herramientas de publicidad en un futuro cercano?

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