Valor social y fortalecimiento de los media

Iker Barandiaran/

Llevamos tiempo ya hablando y escribiendo en este y otros foros sobre el declive de los medios impresos. Es notorio -lo vemos día a día- que cada vez consumimos menos papel y, por supuesto, somos menos partidarios de pagar por las noticias. De ahí que grandes medios hayan cerrado la persiana o se hayan visto abocados a buscar otras formulas.

Para muestra, un botón: esta semana, a raíz de la celebración de San Fermín hemos vestido a nuestros hijos de blanco y pañoleta roja al cuello para que hicieran su particular ‘encierro’ en la escuela, empuñando, claro está, cada uno de ellos un periódico enrollado. En una rápida observación, comprobé que el mío y otro más eran los únicos que portaban un periódico de pago de entre más de 30 niños -los demás portaban publicaciones gratuitas-. Es un hecho: la gran mayoría de la gente no compra periódicos, y los que lo hacen son principalmente gente de edad.

Una buena muestra de lo que ha acontecido en los últimos 5 años en este panorama y de cómo ha afectado a los grandes medios lo recoge de una manera muy clara el documental ‘Page One, Inside the New York Times’. Este documental es una excelente recopilación del cambio que está sucediendo en la industria periodística y una buena muestra de cómo uno de los periódicos lo están viviendo internamente, frente al cierre de muchas otras cabeceras.

El New York Times es una de las cabeceras más importantes del mundo. Como muchas otras está atravesando uno de los peores momentos del periodismo por multitud de razones: una enorme crisis que va más allá del factor financiero. Al igual que muchas otras crisis del mundo de la información y el entretenimiento actual, el debate entre el contenido gratuito o de pago suscitado por la debacle de primitivos modelos de negocio y un espectador/lector que en muy poco tiempo llega a tener a su alcance una inabarcable oferta de contenido por todas partes, está quebrando las bases del negocio periodístico tradicional desde hace años y el caso del New York Times es buena muestra de ello.

Trasvase deficitario

Volviendo a nuestro propio entorno, no cabe duda de que casi toda la información y noticias que consumimos es vía Internet en detrimento de los medios impresos. De ahí que los diarios impresos no dejan de perder ejemplares hasta el punto de la inanición y los diarios digitales no dejan de ganar lectores. Sin embargo, esa transfusión no ha resultado precisamente beneficiosa para los medios que publican sus informaciones y sus artículos en ambos soportes. Los miles de lectores que abandonan el papel para pasarse a la pantalla no se llevan consigo los ingresos que representaban -antes se les cobraba por lo que ahora reciben gratis-. Y los ingresos indirectos derivados de la publicidad apenas retornan a los medios.

No obstante, el periódico Le Monde, cabecera referencial en Francia, hizo públicos recientemente unos resultados sorprendentes sobre su consumo. La web del periódico suma más de ocho millones de visitantes únicos al mes. Pero estos ‘visitantes’ cursan una media de ocho visitas en todo ese período, por lo cual la cifra media de visitantes cotidianos se queda en 1,5 millones. Y además, la media de estancia de cada uno no supera los cinco minutos. Al otro lado, en lo que respecta al periódico impreso, Le Monde vende 300.000 ejemplares, y cada uno de ellos lo lee una media de seis personas. Por tanto, la suma da un público de 1,8 millones, ¡superior a la de la versión digital! Además, un lector del diario impreso permanece en contacto con sus páginas -y con su publicidad- entre 25 y 35 minutos. Y las ‘páginas vistas’ suelen ser todas o casi todas.

Creadores de opinión de referencia

Dicho esto, no cabe duda de que aunque nuestras costumbres de consumo de información hayan cambiado radicalmente y la generación y flujo de información sea más horizontal, estas cabeceras siguen siendo referenciales a la hora de crear opinión. Y por esta razón algunos abogamos por su supervivencia, que no necesariamente supremacía, porque su existencia y variedad apuntala de alguna manera la pluralidad de ideas y opiniones.

Estos medios -en algunos casos grandes trasatlánticos- están virando según sus posibilidades para adaptarse a las nuevas vicisitudes, con mayor o menor imaginación y más o menos éxito. Grandes, medianos y pequeños intentan readaptarse a los nuevos consumos, y no son pocos los que optan por un modelo entre fundación y sociedad de acciones, en los que el lector/receptor toma aún más protagonismo y participa junto a la iniciativa privada y las instituciones en el proyecto comunicativo. Julia Cagé, investigadora especializada en Política económica e Historia de la Economía y profesora del Instituto de Estudios Políticos de París, ha publicado recientemente el libro ‘Salvar los medios de comunicación’, un ensayo muy recomendable sobre la viabilidad de las empresas periodísticas en el marco de las industrias del conocimiento y desde una perspectiva tanto empresarial como institucional. Cagé tiene una premisa: es importante salvarlos buscando un modelo para el siglo XXI que vigorice el sector y prime el valor social que ofrecen.

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